Violeta Barrientos
"Me angustiaría pensar que escribo para publicar"
Violeta Barrientos (Lima, 1963) es poeta, investigadora y activista peruana cuya escritura explora el cuerpo, el deseo y la disidencia sexual desde una voz que no separa lo literario de lo político. Su poesía trabaja el lenguaje como territorio de disputa y construye una subjetividad que desborda las categorías establecidas. Este año publicó el poemario Que agiten mi corazón escarapelado con la editorial Personaje Secundario.
¿Cómo es el lugar donde escribes?
Escribo todo el tiempo. Voy anotando impresiones o ideas en pequeñas libretas o en algún pedazo de papel. Me acuerdo haber visto apuntes de Martín Adán en el reverso de etiquetas de botellas de cerveza. Yo cuando era estudiante, a veces escribía en los boletos de bus. También recuerdo que una de mis lecturas preferidas en los noventa fue los cuadernos de Paul Valéry. Diría que el primer espacio de trabajo es el papel. Pienso en las prohibiciones de los talibanes a las mujeres para que no llevaran encima ningún tipo de papel. Pienso también en las prohibiciones para no escribir que se imponían a esclavos o a siervos en las haciendas. Cómo pudo ser posible, si la escritura es una suerte de fluido corporal que el papel absorbe.
Para escribir hay que percibir. La lectura puede ampliar o afinar esa percepción. Ampliar horizontes. Siempre me acompañaron los libros solo que en una ciudad sin bibliotecas hay que comprarlos. No le doy mucha importancia a lo que me rodea cuando escribo.
¿Cómo suena el lugar donde escribes?
Desde niña hacía mis tareas escolares acompañando a mi hermano con discapacidad que veía televisión a todo volumen. Yo me tenía que generar una cúpula impenetrable de atención. Necesito sí de silencio para oír el ritmo de la frase, sus acentos, que son la música del texto.
¿Tienes alguna superstición al momento de escribir?
Conocí a gente que solo podía escribir en cuadernos Moleskine. Si tuviera que escribir en eso no podría, no me gusta escribir en objetos que me intimidan o interpelan. Como la escritura es para mí un acto más bien vital, solo necesito de lo mínimo para que se materialice. Un cuaderno y un lapicero baratos. Hablo de tinta y papel que es lo que más se presta para una escritura portátil y de apuntes. Luego, como quien se sienta al piano, anoto y elaboro usando la computadora que ahorra mucho tiempo.
¿Cuánto del poema tienes claro antes de empezar?
A veces mi proceso es intuitivo al inicio y luego voy por detalles a pulir. Me di cuenta de ese proceso porque alguna vez hice teatro y me iba muy bien improvisando, entonces el poema es como un monólogo que se improvisa y vas soltando de buenas a primeras. Y que luego detallas. Otras veces se me ocurre una estructura que voy llenando, una estructura larga o corta de texto.
¿Cómo equilibras la inspiración con la disciplina?
Es preferible contar con tiempo libre para poder trabajar más. Cuando no se cuenta con eso, por diversos motivos, entonces a salto de mata, leer o escribir donde se pueda. Ya lo dije, en la medida que eso es vital para mí, no se me ocurre llamarlo rutina. Respirar o comer no son rutinas, así se den a diario. Hay quienes sí piensan que es un trabajo constante, tal vez porque están pensando en cumplir con sus editores o publicar su libro. Ya eso es mucho para mí. Me angustiaría pensar que escribo para publicar. Escribo porque necesito decir algo de determinada manera, bajo un formato determinado, a veces ensayo, a veces poema. Claro que quieres que tu mensaje llegue a un lector, pero ese es un segundo momento para el que pido más bien ayuda a terceros especialistas; en un país de pocos lectores o de pocos editores, y donde se esté peleando por esos pocos espacios, el panorama puede tornarse mezquino.
¿Qué papel juega la reescritura en tu proceso?
Una vez que considero que cerré mi texto, que lo doy por terminado, es muy poco probable que lo recuerde y lo pueda repetir de memoria. Hay gente que sí. Para mí, la obra hecha no se convierte en fetiche.
¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza a escribir?
Yo le diría a quien empiece a escribir, que lo primero es percibir, ser sensible tanto a experiencias humanas, como sensaciones del cuerpo o percepciones de la naturaleza. Anotar, acumular y luego vincular impresiones, ideas. Reforzarlas con algunas lecturas que van por el mismo camino, compañeras de ruta.


