Sergio Galarza
"Necesito tener hechas todas las tareas de casa y que me rodee el orden"
Sergio Galarza (Lima, 1976) es narrador y cronista. Su escritura explora el desarraigo, la vida urbana y las relaciones humanas con una mirada irónica y un humor seco. En sus libros más recientes ha incorporado un marcado componente autobiográfico, difuminando las fronteras entre la experiencia personal y la ficción. Hoy viernes 17 de julio presentará su nueva novela Barrio Moscardó en la Librería Sur.
¿Cómo es el lugar donde escribes?
Escribo en la mesa del comedor. No soy de esos escritores que necesitan una habitación especial ni ciertas cosas a mano. Pero si tuviera una cocina más grande escribiría allí mientras cocino, es una tarea que disfruto casi siempre, más cuando tengo tiempo. El comedor es además el lugar donde comparto la charla del día con mis hijos la semana que les toca estar conmigo. Así que, bajo dicho antecedente, se puede deducir que el lugar donde tecleo exige un aire familiar.
¿Cómo suena el lugar donde escribes?
Antes sí que necesitaba música, la que elegía mientras iba dando forma en mi cabeza a mi nuevo libro. Ya no es indispensable pero sí me acompaña. Suelen sonar Neil Young, cualquiera de los proyectos de Dean Wareham, The Reds, Pinks and Purples, y otros que se repiten, pero ahora mismo esos tres son los que me han ayudado en mi último libro. Otra cosa: el ruido ambiental. Mi barrio es muy tranquilo, vivo en frente de un instituto (así llaman a la secundaria aquí), pero no se escucha nada de bulla, las ventanas de doble cristal me protegen cuando los alumnos salen al recreo. El depa donde vivía antes daba también al patio de un colegio, y una médico especializada en tratar a peruanos con la que he salido varios años vive frente a un cole. Entonces entiendo que es el sonido de la infancia y la adolescencia el que se cuela en mi escritura.
¿Tienes alguna superstición al momento de escribir?
No, pero sí necesito tener hechas todas las tareas de casa y que me rodee el orden, soy un maniático en ese aspecto. Incluso me asomo por la ventana y me fijo si el jardín del portal esté cuidado (soy el que se encarga de ello), porque si veo que asoma una malahierba o el cerco ha perdido algo de forma bajo a trabajar un rato en mi faceta de jardinero.
Para los apuntes uso una libreta que me regaló uno de mis hijos el día del padre, para que siguiera escribiendo (eso pone en la primera página).
¿Cuánto de la historia tienes claro antes de empezar?
Tiene que ser casi toda la historia, pero mientras la escribo sé que puede cambiar de dirección, como me ocurrió con mi último libro. Más complicado sería no tener clara la forma, eso es esencial, y sí creo que hay que dejar un margen para lo que se nos pueda ocurrir cuando creemos que el libro está terminado. Quiero decir que no debemos cerrarnos a una idea fija. En este aspecto es clave la figura de otros lectores o de un editor que sepa ver donde el talento del autor no llega. Vargas Llosa hubo sólo uno y creo que la mayoría de escritores estamos muy lejos de su creatividad y disciplina. El editor, el que es capaz de entrar en los textos ajenos, es fundamental para la formación de un autor.
¿Cómo equilibras la inspiración con la disciplina?
Más que la inspiración creo en la necesidad de escribir. La disciplina responde a quedarse sentado una vez que has empezado y a tener una agenda, un orden y la voluntad de sacar un texto adelante. Por mi trabajo (soy ferroviario a turnos), no tengo horarios estrictos de escritura, estos aparecen cuando mi vida laboral y familiar me lo permite. No me quejo, tengo tiempo suficiente para leer y escribir, pero si debo elegir entre estar con mis hijos y escribir, gana lo primero. Para escribir siempre va a haber tiempo, para acompañar a mis hijos no. Las prioridades cambian, no la vocación.
¿Qué papel juega la reescritura en tu proceso?
Me ha pasado estar a la mitad de un libro y empezar a reescribirlo por completo. La reescritura, más que la corrección, es la que marca la diferencia entre la gente que escribe y un autor. Cuando escribo una frase que considero genial, algo que no se ha escrito nunca jamás, es cuando más dudo. ¿Será que la he copiado de forma inconsciente o que mi ego me está poniendo a prueba? Hay que dudar de lo que escribimos como materia literaria y aprender a prescindir de párrafos que, nos habrán quedado estupendos, pero no aportan nada a lo que queremos contar o son repetitivos respecto a otros capítulos o libros.
¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza a escribir?
Que se pregunte antes que nada si de verdad necesita escribir y para qué lo hace. Luego si va a ser capaz de aceptar una crítica, porque está exponiendo su intimidad, no importa que no cuente nada personal, escribir es lo más íntimo que hay. Cuando escribimos nos solemos confesar a gente que no conocemos de nada. Si esa persona está preparada para todo esto y para dejarse aconsejar, entonces que empiece imitando a sus ídolos, que se fije en los libros que le cambiaron la vida y no se ponga límites.
Yo tuve la suerte de conocer a Cronwell Jara. Lo que he escrito antes es lo que él me dijo de varias maneras. Pero el consejo más grande que me dio fue que buscara la belleza y la esperanza incluso en el dolor. Eso me ha salvado tantas veces que es imposible agradecerle sus palabras.


