Italo Cordano
"No escribo sin música. Necesito algo que silencie el ruido externo y el interno"
Italo Cordano (Lima, 1988) es guionista, dramaturgo y director peruano. Ha construido una carrera que transita con igual soltura entre el teatro y la televisión, con una inclinación particular por las comedias que, sin renunciar al humor, exploran las tensiones de la vida familiar y las relaciones afectivas.
¿Cómo es el lugar donde escribes?
Cambia. Últimamente, es un café mientras desayuno. Me he acostumbrado a escribir por las mañanas. A veces es mi cama. Si no hace mucho frío ni mucho calor, la mesa que tengo en el balcón. Los aviones también son un excelente lugar.
¿Cómo suena el lugar donde escribes?
Siempre llevo audífonos. No escribo sin música. Necesito algo que silencie el ruido externo y el interno. Lo que escucho depende mucho de lo que escribo. Si tengo clara la acción de la escena, a veces pongo canciones que me coloquen en la emoción que busco: I Feel the Earth Move de Carole King y Don’t Stop Me Now de Queen me ponen de buen humor; Both Sides Now de Joni Mitchell y I Think It’s Going to Rain Today de Randy Newman me llevan al piso. Cuando necesito concentrarme mucho, recurro a la música clásica. Tengo una playlist de Mozart y otra de Bach que suelo escuchar. Varía, pero nunca música en español porque presto atención a las palabras y me distraigo.
¿Tienes alguna superstición al momento de escribir?
No realmente. Tomo de 20 a 30 miligramos de Ritalin antes, ¿eso cuenta? No sé. Si algún laboratorio de metilfenidato está buscando un embajador o está interesado en hacer un canje, que me mande un DM.
¿Cuánto de la historia tienes claro antes de empezar?
Depende de si estoy escribiendo para cine, televisión o teatro. Una película suele seguir los mismos pasos: ideas, argumento, tratamiento, escaleta y, finalmente, guion. Cuando he escrito para televisión, he sido parte de un grupo de guionistas y suelo ser el que dialoga, así que me llega una escaleta con lo que sucede en cada escena y yo escribo el guion sabiendo todo lo que va a ocurrir en ese capítulo. Y en el caso del teatro, varía mucho. Suelo empezar con los personajes. Imagino a alguien que encuentro fascinante, a quien quiero conocer más. A veces escribo escenas sueltas que me ayudan a entender mejor quién es esa persona. Otras veces hago una escaleta como cuando trabajo en un proyecto audiovisual.
¿Cómo equilibras la inspiración con la disciplina?
Si algún día me vuelvo millonario, de repente me siento a esperar la inspiración. Mientras tanto, escribo todos los días. De lunes a domingo. A veces horas, a veces minutos. Si no tengo ningún texto que entregar, siempre hay alguna historia que quiero contar. Si me estanco, camino mientras escucho música que asocie con la historia o el personaje. Cuando eso no funciona, paso a otra historia y, eventualmente, llega lo que necesitaba para continuar con la anterior.
¿Qué papel juega la reescritura en tu proceso?
Reescribo todo. Cada vez que retomo un texto, lo vuelvo a leer desde el inicio y lo corrijo a medida que avanzo. Cuando la primera versión está completa, me gusta dejarla descansar y, si se puede, volver a leerla en unos meses. No puedo darme ese lujo con los guiones por encargo porque hay fechas de entrega que cumplir, pero en mis proyectos personales siempre espero. Lo mínimo ha sido un año; lo máximo, una década. Nunca siento que una obra de teatro esté lista. Reescribo durante los ensayos. He llegado a escribir nuevas escenas unas semanas antes del estreno.
¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza a escribir?
Algo que me hubiese gustado escuchar es que el “talento” se trabaja y no es una capacidad divina que mágicamente se apodera de tu mente y tus manos. La primera vez que escribí un guion, estaba convencido de que tenía que dedicarme a algo más porque no tenía talento alguno. De hecho, los primeros 7 años de mi carrera me dediqué a la producción. Es necesario escribir y escribir y escribir hasta que empieces a entender el proceso y encuentres tu voz y tu estilo.


