Federico Abrill
"Creo importante que la escritura deje de ser un ejercicio solitario"
Federico Abrill (Chimbote, 1988) es docente universitario, dramaturgo y director de teatro. Su escritura explora los vínculos afectivos, las tensiones familiares y los conflictos de la vida contemporánea, con una mirada que combina humor, incomodidad y sensibilidad. Sus obras son de libre acceso a través de su web.
¿Cómo es el lugar donde escribes?
Actualmente mi lugar oficial es un escritorio en medio de la sala, siempre acompañado de un libro que leo antes de empezar para abrir un poco la mente. Pero las circunstancias de la vida me han llevado a mover mi escritura y ubicarla en las mesas de un comedor universitario; en medio de un break de un ensayo; en cafés; o ante una corrección urgente, he escrito en mi celular en un taxi.
Ahora pienso el concepto de “lugar” como en el teatro. Más vinculado al momento en que se encuentra el personaje, en donde importan tanto el espacio como el tiempo. En ese sentido, no sé si pueda responder si he encontrado mi lugar para escribir, pero siento que buscarlo en muchos lugares me ha ayudado a continuar escribiendo.
¿Cómo suena el lugar donde escribes?
Necesito ruido. No importa lo que escriba, necesito sentir un ritmo, tempo o voces. A veces me pongo los audífonos en los espacios abiertos y no pongo música para que dé la impresión de que no estoy escuchando.
Antes tenía listas de reproducción por cada cosa que escribía, pero creo que he aprendido a flexibilizar mi escritura hacia algo más arbitrario. Lo decido en el momento. Pero nunca puede haber silencio, eso no me ayuda.
¿Tienes alguna superstición al momento de escribir?
Creo que, más que supersticioso, soy más de “señales”. Por ejemplo, si estoy escribiendo algo sobre un cumpleaños y paso por un lugar donde se está celebrando uno, busco un momento para escribir. Es como una cábala.
¿Cuánto de la historia tienes claro antes de empezar?
Siempre tengo claro el punto de partida. Trabajo mucho desde una imagen generadora que resuma todas las ideas y sensaciones de lo que quiero escribir. A partir de eso, empiezo. Tengo mala memoria al escribir, así que voy poniendo cosas que a veces no tienen sentido, pero voy trabajando en función de tener material. Y luego, lo organizo. Nunca escribo solo, eso sí. Siempre tengo ojos sobre lo que escribo y eso me permite tener opiniones y miradas diferentes.
Antes tenía mucho recelo de mostrar mi escritura, ahora no. Lo muestro. Me fuerzo a hacerlo. Creo importante que la escritura deje de ser un ejercicio solitario para ser algo que se comparte y resuene.
¿Cómo equilibras la inspiración con la disciplina?
Antes te hubiese dicho con rutina. Pero no es verdad, influyen muchas cosas para poder sostener la escritura como un hábito continuo. Así que creo que pienso en disfrutar la lucha. Disfrutar la escritura como el acto de buscar conchas en la arena de la playa. Celebrar con cada una que encuentras. Ser agradecido cuando aparece una y no defraudarte si no pasa nada, pero a la vez pensar en qué puedes hacer para no quedarte sin nada.
¿Qué papel juega la reescritura en tu proceso?
Mucha. Capaz porque, como dramaturgo, la escritura no termina hasta que pasa por la escena. He escrito y reescrito obras durante años, más allá de si se estrenaron. Eso ha hecho que tenga una relación muy cercana con la reescritura. Para mí, es parte esencial de mi proceso y he aprendido a reconciliarme con la idea de revisar algo que para mí tenía mucho sentido pero que no funciona o no se entiende por completo.
¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza a escribir?
Dejar de idealizar la escritura y a quienes la escriben. Recomendaría mucho seguir a tus escritores favoritos, seguir sus redes y, sobre todo, leer lo que ponen y lo que podrían querer decir entre líneas. A mí me sirvió mucho indagar sobre sus vidas. El momento en que rompemos la idea de que el escritor es solo un ente que se comporta de una manera, preparamos el camino para encontrarnos a nosotros en la escritura. Y seguir escribiendo. Luego de cada obra, de cada cuento, de cada novela, ir al otro. Seguir y seguir, sin importar lo que pase con lo escrito. Hay obras que encuentran su lugar con el tiempo. Hay obras que no. Pero que lo que pase con tu trabajo no te agarre esperando que algo suceda. Que te agarre escribiendo.


