Diego Trelles Paz
"No me interesa trabajar algo que no siento listo en el cuerpo"
Diego Trelles Paz (Lima, 1977) es un escritor peruano cuya narrativa nos ofrece una mirada crítica sobre las tensiones sociales y afectivas de la vida actual. Su prosa, ágil y sugerente, explora la memoria, las relaciones familiares y los desplazamientos de la identidad con un sentido del ritmo y la observación que mantienen al lector comprometido. Diego ganó la V Bienal de Ensayo "Premio Copé 2016" con el texto Detectives perdidos en la ciudad oscura. Novela policial alternativa en Latinoamérica. De Borges a Bolaño, al que se puede acceder libremente en este enlace.
¿Cómo es el lugar donde escribes?
Escribo a mano y en el ordenador y, en ambos casos, si la novela ya es un embrión movedizo, puedo hacerlo en mi escritorio, en un café o en el metro. La mayor parte de la escritura manual la hago en mis cuadernos, pero esta etapa está abocada a la arquitectura de la novela. Suelo dibujar cuando no llego a entender del todo la escena. La escritura y la puesta en escena, por llamarlas de alguna manera, son importantes para entender lo que estoy buscando.
¿Cómo suena el lugar donde escribes?
Suena a gente hablando. A veces necesito música. Me caga el autor que va de esnob para que lo tomen por serio o profundo, así que prefiero no nombrar lo que escucho.
¿Tienes alguna superstición al momento de escribir?
No. Pero, ya que me preguntas por supersticiones, me he dado el trabajo de contar a cuántos colegas entrevistaste antes que a mí, y resulta que soy el número 47. Me da lo mismo (en realidad no tanto porque me precedieron hasta los casi inéditos, no malees, Alberto) pero hubiera preferido ser el cincuenta. De repente puedes publicar a dos antes y así me cumples ese deseo.
(Nota del entrevistador: quise cumplir su deseo y conté mal. Esta es la entrevista 51).
¿Cuánto de la historia tienes claro antes de empezar?
El concepto lo tengo claro. Lo llamo el concepto pero podría llamarlo el corazón. Me toma muchísimo tiempo que eso se transforme en la historia con sus ramificaciones. No me interesa trabajar algo que no siento listo en el cuerpo. No intento ser poético. Es algo físico. Si no funciona es el mismo cuerpo el que me lo indica. De todas maneras, eso va cambiando mientras escribo. La idea de publicar algo que no me convence me enferma.
¿Cómo equilibras la inspiración con la disciplina?
El escritor siempre escribe. No necesariamente en un cuaderno o frente una pantalla. Las obras inician en el momento más inesperado y, a veces, solo se mantienen en tu cabeza. No me interesa el modelo vargasllosiano de escribir como un oficinista porque simplemente no puedo hacerlo de esa forma. Onetti es siempre una inspiración.
¿Qué papel juega la reescritura en tu proceso?
Sin reescritura no hay nada. Soy obsesivo. Si un párrafo no suena como deseo, es decir, con el tono que necesita la escena, el diálogo, la historia, no puedo continuar. La escritura de ficción no puede estar divorciada de la música o de la lógica cinematográfica. En el cine, uno no deja una escena para mejorarla en el montaje.
¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza a escribir?
No le daría ningún consejo de escritura. Hay demasiada gente que escribe y puede dárselo. Le diría lo obvio: si puede permitírselo, que lea como si no tuviera otra cosa que hacer con su vida. No se puede escribir sin leer. Le diría que la literatura no tiene nada que ver con la publicidad ni con el marketing ni con las relaciones públicas y que el supuesto glamour que da salir en un periódico, no sirve de nada si uno no tiene una coherencia y una integridad social y política. Eso nunca van a escucharlo en los talleres de escritura. Y es muy simple: escritor que funciona bajo la lógica de publicista no es escritor, es publicista.
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